Una de las técnicas más elementales y primitivas del ilusionismo consistía en que el mago atraía la atención de los ojos del público con los movimientos y maniobras de una de sus manos, mientras que con la otra y disimuladamente, montaba el truco o el escamoteo. El discurso electoral del tripartito es uno de los ejemplos más acabados de esta técnica de los prestidigitadores noveles. Una exuberancia paroxística de palabras altisonantes, que buscan incentivar las atávicas filias y fobias de la audiencia. Y todo ello al servicio de un relato basado en una tríada de trágica clásica: el héroe-mártir, el villano y el traidor.



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