La reacción al alza del viernes de las bolsas en China y en Europa -el CSI 300 de Shanghai subió un 3,63% y el EuroStoxx 50 de Frankfurt, más contenido, un 0,31%- pese la política comercial de hechos consumados de Estados Unidos, que incrementó los aranceles a productos del gigante asiático por valor de 200.000 millones de dólares hasta el 25% en plena ronda de negociaciones, reveló la esperanza del mercado, tras una aciaga semana en que, más tarde o más temprano, ambas potencias sabrán alcanzar un acuerdo que no dañe el crecimiento económico global.

Los inversores se han tomado «las tensiones comerciales de la última semana con relativa calma», reconoce el equipo de analistas de Monex Europe. «Somos cautelosamente optimistas con el proceso de negociación, que esperamos que prospere antes de que Estados Unidos suba los aranceles a los 325.000 millones de importaciones chinas restantes y antes de que veamos una respuesta proporcional por parte del país asiático», advierten desde Citi. «Solo la paz comercial matizará la debilidad del crecimiento económico global», rematan los expertos de BofAML.

Ante la impredecibilidad del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la precaución es la tónica de los comentarios de los analistas, mientras que agencias de calificación como Moody’s y Fitch aprovecharon la candencia del viernes para volver a alarmar sobre las consecuencias de la guerra comercial y, desde la Reserva Federal (Fed) norteramericana, distintos miembros de la institución monetaria confirmaron que en caso de que el conflicto se prolongue en el tiempo «se verán afectados los consumidores estadounidenses, el PIB y entonces se deberán recortar los tipos de interés oficiales».

Más allá de las reacciones del viernes, la semana dejó en el mercado distintas evidencias de la gravedad las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China. Algunas, ciertamente preocupantes. Otras, sencillamente inciertas. La escalada del 50% del Vix -mide la volatilidad del S&P 500 y es conocido como el índice del miedo- hasta máximos de enero, el avance del 0,7% del oro -el cobijo tradicional cuando llegan los problemas-, la resignación de los inversores a pagar por refugiarse en el Bund alemán -su rentabilidad volvió a profundizar en terreno negativo, hasta el -0,045%- o la inversión de la curva entre el interés que ofrece el bono estadounidense a 3 meses y el del papel a 10 años por segunda vez en dos meses- una anomalía que históricamente ha anticipado una recesión económica en la primera potencia del mundo- son demostraciones de la incomodidad del mercado ante la deriva proteccionista adoptada por Donald Trump y de la inquietud que genera el potencial impacto de las nuevas barreras arancelarias en los sectores mas cíclicos, como el automovilístico, y en terceros países exportadores, como Alemania o Japón.

El riesgo de un recesión

Al margen de los desequilibrios concretos que pueda destapar el nuevo orden comercial que parece buscar el presidente de Estados Unidos, el mayor riesgo que acongoja al mercado es que, finalmente, esta guerra arancelaria convierta la ya asumida desaceleración del crecimiento económico global, propia de la recta final del actual ciclo, en una recesión.

Un temor que explica que, en China, índices como el CSI 300 cediera un 4,67% en el conjunto de la semana, o que en Wall Street los bajistas no dieran tregua ni siquiera el viernes y el S&P 500 se dejara un 3,87%, o que, en Europa, el EuroStoxx 50 perdiera un 4,04% y el Ibex 35 un 3,1 un ciento.

Porque las tensiones comericales no existen solo entre Estados Unidos y China. La amenaza de que el 18 de mayo la Administración norteamericana imponga un arancel del 25% a la importación de vehículos para proteger su industria automovilística está provocando fuertes caídas en bolsa del sector europeo. El subíndice que reúne a los fabricantes presentes en el Stoxx 600 cae un 6,8% en la semana, duplica las pérdidas de su referencia y es el más bajista en estos últimos cuatro días. Desde los máximos de 2019, que registró cuando parecía más cerca la paz comercial, corrige un 9,6%.

Alemania es uno los epicentros de producción más expuestos a la subida de este arancel, que excluye a Canadá y a México, y los grandes grupos del país lo están reflejando con pérdidas en el parqué durante esta semana que alcanzan el 8% en el caso de Daimler (fabricante de Mercedes) -obtuvo casi un 25% de su cifra de negocio total en Estados Unidos en 2018- y del 6,2% en Volkswagen -cuyas ventas en el país suponen un 16% del total-.

Trump vuelve a amenazar con aranceles sobre la totalidad de las importaciones chinas en plenas negociaciones



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