La experiencia debe ser algo increíble. Sumergirse en las profundidades del océano (cómodamente sentado, como si uno estuviera visitando un gigantesco acuario) para descubrir -con tus propios ojos- lo que se esconde bajo ese misterioso manto azul que cubre la inmensa superficie de nuestro planeta. La pregunta que surge es inmediata. ¿Cómo?
Triton Submarines es una compañía, con sede en Florida, especializada en el diseño y fabricación de pequeños sumergibles privados para diversos cometidos: investigación científica y arqueológica (tanto ruinas sumergidas como pecios hundidos), exploración de aguas profundas de cara al sector de la navegación, filmación de documentales o también -¿por qué no?- por simple placer.

Fundada en 2007 por Bruce L. Jones (director ejecutivo) y Patrick Lahey (presidente), sus pequeños vehículos subacuáticos han surcado mares y océanos de medio planeta (desde las Bahamas a la Antártida, pasando también por el Mediterráneo) e incluso han podido filmar los restos del celebérrimo trasatlántico Titanic.
Hace unos años, sin embargo, decidieron apostar por un nuevo desafío, uno bien grande: el Triton Deep View, un moderno submarino con capacidad para 24 pasajeros que logra descender hasta los 100 metros de profundidad.
Su propósito en esta ocasión era bien claro: practicar con él turismo submarino. Por eso, su diseño incluyó paredes completamente transparentes, con el objetivo de que sus pasajeros pudieron disfrutar, como en una novela de Julio Verne, de una experiencia de 360 grados, completamente inmersiva.

En agosto del año pasado, Triton Submarines anunciaba en una rueda de prensa celebrada en Sant Cugat del Vallès (Barcelona) que el ensamblaje y manufactura final de al menos una unidad de su Triton Deep View se desarrollaría allí mismo, en su planta de Cataluña.

Hace unos meses, finalizada ya su construcción, y en medio del caos provocado por la alerta sanitaria global desencadena por culpa del Covid, la empresa Kerry Logistics aceptó la misión de transportar uno de estos submarinos, de 55 toneladas de peso, desde Barcelona hasta Vietnam, donde un gran hotel de lujo lo ha adquirido como servicio exclusivo para sus clientes. Toda una aventura.

A partir de ahora, 24 afortunados pasajeros podrán introducirse cada día en su bodega y disfrutar de una experiencia única en el mundo, divisar el interior del océano desde dentro, con apenas una fina capa de cristal transparente entre sus ojos y la maravilla de sus fondos.


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