Pedro Sánchez ha advertido que no existen las tres derechas porque actúan como un bloque. Si esto fuese así sería como el film dirigido por David Victori, El pacto (2018), una auténtica película de terror. Imaginemos que Casado (PP), Rivera (Cs) y Abascal (Vox) se hubiesen reunido en secreto y hubiesen acordado que sus partidos se retirarían en las circunscripciones en las que no van a sacar escaños, para favorecer al que más oportunidades tuviera de ellos dentro del bloque de los que quieren echar de la Moncloa a Sánchez. Tal estrategia les garantizaría la mayoría absoluta y, en consecuencia, el Gobierno de España.

Si la trama fuera así, darían un auténtico pelotazo político. No obstante, para garantizar el éxito de su argucia el bloque tendría que publicitarla en el último momento para exprimir el efecto sorpresa y coger con el pie cambiado a los socialistas. Reconducirían el debate hacia una idea con fuerza: «Lo prioritario es echar a Sánchez de La Moncloa porque está poniendo la unidad de España en peligro». Una gran parte del electorado se vería en la tesitura de anteponer los intereses generales a los particulares. Supondría devolver a Sánchez y a sus aliados la jugada que hicieron con la moción de censura. Una auténtica obra maestra propia de Maquiavelo. El bloque no perdería ni un solo voto de centroderecha, daría la vuelta a la tortilla y pondría la polémica ley D’Hont a su favor. A los socialistas les daría un soponcio. Sin embargo, para España sería una muy mala solución. Las derechas formarían un Gobierno siguiendo el modelo andaluz. En términos históricos sería como reeditar la CEDA. La coalición creada durante la Segunda República permitió ganar a las derechas las elecciones generales de 1933, pero impulsó la agrupación de las izquierdas en el Frente Popular que ganó los comicios de 1936. Una vez dividido el país en dos frentes, fue cuestión de tiempo que se produjese la Guerra Civil.

Aunque nuestros líderes políticos no tengan demasiadas luces, debemos pensar que alguien con dos dedos de frente les habrá advertido lo extremadamente peligrosas que pueden resultar ciertas ocurrencias. Pasar del bipartidismo a constituir dos bloque antagónicos y radicalizados no es una buena idea. Como proclamaban en el bando popular, «no hay mas CEDA que la que arde».



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