Bruselas

Los candidatos de los seis principales partidos europeos a presidir la Comisión Europea se enfrentaron esta noche en un debate celebrado en la sede del Parlamento Europeo en Bruselas. El encuentro dejó pocas sorpresas y un par de certezas, aunque seguramente servirá de poco para los 427 millones de europeos que deben acudir entre el 23 y el 26 de mayo a votar para elegir a sus 751 representantes en la Eurocámara. Tampoco servirá probablemente de mucho para saber quién será el próximo presidente de la Comisión. Un grupo de gobiernos, capitaneados por el francés Emmanuel Macron, quiere que no sean directamente las urnas sino los líderes quienes tengan la última palabra, por lo que el elegido o elegida podría ser otro que no participe en las elecciones europeas, como el francés Michel Barnier o la búlgara Kristina Georgieva.

La primera conclusión es que el candidato del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, cuya familia política se espera que gane las elecciones, no fue capaz de superar a sus principales rivales: el socialista Frans Timmermans y la liberal Margrethe Vestager.

Estos últimos, ambos compañeros en la Comisión, fueron los más sólidos y articulados en los 90 minutos que duró la cita. También dejaron las mejores frases de la noche.

El holandés, quien es vicepresidente primero en el Ejecutivo comunitario, lanzó que el Reino Unido es estos días «como Juego de Tronos en esteroides», una frase precocinada que coló casi con calzador al quedar el Brexit orillado durante la discusión.

La danesa, responsable de Competencia y azote de las tecnológicas, mostró su cintura política al ser preguntada sobre si Holanda o Irlanda eran paraísos fiscales, respondiendo que «para mí, un paraíso fiscal es donde todo el mundo paga impuestos».

Por su parte, Weber fue atacado por todos los candidatos en el bloque del cambio climático, uno de los temas que más preocupan en estas elecciones a los europeos, como demuestran varias encuestas y las marchas por el clima.

El alemán de la CSU bávara defendió calibrar adecuadamente la aplicación de los objetivos del clima para evitar que nadie sufra por las políticas ambientales, y se centró en apostar por la innovación. Timmermans le respondió que si no se actúa rápido esa gente con menos recursos precisamente será la que más sufrirá, porque ellos no se pueden mudar a otro lugar.

El holandés propuso a Vestager y al candidato de la izquierda, el belga nacido en asturias Nico Cue, una alianza que incluya a una gran parte del arco político, «desde Tsipras hasta Macron», para colocar el cambio climático entre las prioridades más destacadas de la próxima Comisión.

La candidata de los verdes, Ska Keller, fue buena en algunos momentos, como al lamentar que el Acuerdo de París sobre el clima no esté incluido en ningún acuerdo comercial, a pesar del poderío europeo como bloque comercial y la importancia que da la UE a su política climática. Sin embargo no logró brillar a pesar de que los temas le favorecían, resultando vaga en algunos momentos.

El gran asunto de estas elecciones europeas, el empuje de las fuerzas euroescépticas y nacionalpopulistas, apenas quedó escenificada sobre el escenario, dado el consenso proeuropeo de casi todos los candidatos.

El elegido por la Alianza de los Conservadores y Reformistas en Europa, Jan Zahradil, fue el único de los seis que se salía del guión, defendiendo «una Europa que hace menos pero mejor» y que «respeta a los Estados miembros».

Los candidatos hablaron sobre migración, desempleo juvenil, la lucha contra el cambio climático, fiscalidad, cómo lidiar con Trump o China, algo menos sobre comercio, y cómo ganar a esos europeos que se han entregado a los partidos que quieren desmantelar Europa.

Weber y Timmermans se enzarzaron en el área económica y en la política sobre el clima. Pero también coincidieron en algunos puntos, como la creación de un ‘plan Marshall’ para África o la creación de un impuesto para los gigantes de la era digital.

Una mayoría de candidatos, todos menos Weber y Zahradil, también se mostraron a favor de un salario mínimo en Europa.

La liberal Vestager destacó los 12 millones de empleos creados el pasado lustro, pero afeó que no todos tienen los sueldos que merecen. Por eso, respaldó la idea de un salario mínimo europeo para los europeos tengan derecho a una vida»dignas». «Si nos unimos lo podemos solucionar».

Timmermans fue quien más propuestas puso sobre la mesa, sobre todo en materia tributaria. Defendió un impuesto a las emisiones de CO2, al queroseno, la tasa digital y un suelo al impuesto de sociedades común en toda Europa del 18%, para evitar la competencia fiscal entre los Estados miembros.

En uno de sus mejores momentos del debate propuso preguntar a Alexa, el altavoz ‘inteligente’ de Amazon, «¿cuándo vas a pagar impuestos?»

Sin embargo muchas de estas propuestas, incluso las que reúnen un consenso mayoritario entre los partidos, como el impuesto a los Google o los Facebook, encallan en la mesa del Consejo (donde se sientan los Estados miembros). La unanimidad que requieren las directivas sobre asuntos tributarios termina con las ideas mejor intencionadas.

Por eso Weber defendió introducir en estos temas, y también en Exteriores, la mayoría cualificada para mejorar la capacidad de respuesta de los europeos, como también hubiera resultado necesario con Venezuela, dijo.

Sin embargo, ninguno sonó muy convincente al ser preguntados cómo ganar a los millones de europeos que se han entregado a las fuerzas populistas, y que podrían alcanzar un tercio en la próxima Eurocámara. O al 49% de europeos que siente que su voz no es tenida en cuenta, según Eurostat.

Weber defendió una Europa «más fuerte y más democrática». Timmermans entonó un ‘mea culpa’ de las formaciones europeas por haberlos defraudado, pero poco más. Vestager apuntó a la necesidad de comunicar mejor Europa.

En sus segundos finales, Ska Keller dijo que «la gente teme por su futuro» y «ese miedo y enfado lo están transformando en acciones», como las marchas por el clima. Añadió que también «hay esperanza por un futuro mejor» pero requiere «fortaleza y coraje».

Pero esa esperanza también requiere imaginación, solidez, destreza y buenas dosis de empatía. Habilidades que ninguno de los candidatos reúne por sí solos en dosis suficientes para la magnitud de los retos que les esperan al frente del Ejecutivo comunitario. Pero que algunos de los que estuvieron sobre el escenario, y otros que quedaron fuera, podrían llegar a sumar. Aunque seguramente no sucederá hasta que el abismo se vuelva abrir bajo nuestros pies.

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